
Bien es sabido que el 7 de marzo del corriente año, la mítica banda de Heavy Metal britanico Iron Maiden, hizo vibrar a más de 25.000 personas en el estadio de Ferro. Pero no todos conocen el metálico trasfondo de este metálico evento de esta metálica banda de Heavy metal.

Por ejemplo, que llegaron a la Argentina en su nuevo y lujoso avión de metal pintado con el nombre de la banda, y que además el mismo era piloteado por el vocalista de la banda, Bruce Dickinson, quien es amante, desde hace muchos años, de la aviación, y que incluso es convocado asiduamente para participar de documentales sobre el tema. Y como no podía faltar el cliché, el número de serie de la aeronave es 666.
O tampoco sabías que Steve Harris compró antes de volverse a su país un salchichón primavera en un almacén de barrio, o que Dave Murray prendió un fuego y bailó en el pasillo del hotel; o incluso que Adrian Smith engulló un matambre a la pizza con el negro con rastas de Mambrú y se fueron a un motel periférico juntos, a solo horas de tocar. Pero, en fin...
Hambre de metal se vivió ese día en el show del grupo inglés de heavy metal. La difícil tarea de resumir una trayectoria musical, hizo que la banda opte por una "fija": presentar solo temas clásicos(lo que creo que fue lo mejor, ya que, a pesar de que no perdió la polenta, el verdadero Iron Maiden se aprecia en los primeros discos, precisamente hasta "Fear of the dark" de 1992). De esta forma la banda británica apartó la idea de presentar temas de su última placa "A matter of life and death," editado en 2006. Y vaya si resultó: la mayor parte de la gira del grupo estuvo agotada.

Como grupo soporte de la banda, para "apasiguar" a las masas metálicas estubo Lauren Harris, hija del mítico bajista Steve Harris, fundador de Maiden, quien pasó desapercibida ante las huestes furiosas, que solo la aplaudieron cuando se bajó del escenario(pero que pechos prominentes tiene, miren la foto). Una presentación que distó del tradicional sonido heavy sirvió de antesala para el show del sexteto inglés que, vaya casualidad, por sexta vez pisó la Argentina.
Un escenario que mostraba imágenes aggiornadas de una de las giras más importantes del grupo en su historia (Somewhere in Time 1986-1987) con un Eddie -la mascota histórica del grupo- retratado en formato futurista agregó la cuota de nostalgia para el show.
La efervescencia de las 25.000 personas que colmaron las instalaciones del estadio de Ferro Carril Oeste garantizó adrenalina al momento que el grupo piso el escenario. La masa vibró con los primeros acordes de Aces High. Pasaron temas como Two Minutes to Midnight y llegó pronto el momento de mayor tensión del show: Dickinson comenzó a flamear una bandera británica en el tema The Trooper (que trata sobre las conquistas de un soldado inglés) tal cual como lo hizo en la presentación de Iron Maiden en 2001. Los silbidos comenzaron a poblar el campo mientras una larga bandera argentina se desplegaba cerca de la valla. Algunas botellas plásticas fueron lanzadas al escenario en señal de desaprobación, a lo que Dickinson lo cortó en seco antes de seguir con lo suyo.
Tras pasar temazos como The Number of The Beast y el genial Wasted Years, de repente una densa niebla cubre el escenario, es momento de Rime of the Ancient Mariner, donde Steve Harris es foco de atención y el sonido de su bajo se entremezcla con el sonido del crujir de una barcaza que atraviesa mares.

Otro de los temas más festejados por el público -y donde más pogo se vio- fue Fear of the Dark de su disco homónimo que la banda presentó en 1992, primera vez que tocaron en la Argentina. Luego llegó el gran final con Hallowed be thy name, con el que cierran la mayoría de sus fechas en esta gira mundial. Las luces del estadio se encendieron. Y en el campo se vieron varios rostros cansados y algo desilusionados por la corta duración del show (una hora y media) en el que Iron Maiden hizo un repaso veloz de sus casi tres décadas pregonando heavy metal.

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